La Caza de Brujas
Una de las instituciones protagonistas de esta historia fue
la Inquisición. El 5 de diciembre de 1484, el papa Inocencio VIII emitió una
bula, o documento papal, que condenaba la brujería. Además, autorizó a dos
inquisidores a combatir la amenaza: Jakob Sprenger y Heinrich Kramer.
El martillo de las brujas, que fue reconocido por católicos
y protestantes como la máxima autoridad en materia de brujas. Contenía
historias fantásticas tomadas de la tradición popular, así como argumentos
teológicos y legales en su contra. Además, ofrecía pautas para la
identificación y eliminación de brujas.
El martillo de las brujas ha sido calificada “la obra más despiadada de la literatura universal”.
La bula papal y El martillo de las brujas desataron cacerías
por toda Europa. Los inquisidores contaban con una tecnología nueva, la
imprenta, la cual ayudó a que la histeria llegara incluso a América.
Mucho más del 70% de los acusados eran mujeres, sobre todo
viudas, que rara vez tenían quien las defendiera. También los pobres, los
mayores y las vendedoras de remedios herbolarios, sobre todo si no funcionaban.
Nadie estaba a salvo, fuera rico o pobre, hombre o mujer, desconocido o
importante.
¿Cómo se identificaba a una bruja? Algunas sospechosas eran
amarradas y sumergidas en agua fría, supuestamente bendita. Si se hundían, se
las consideraba inocentes y eran sacadas del agua. Pero si flotaban, eran
ejecutadas en el acto o enjuiciadas por practicar brujería. A otras las
pesaban, pues se creía que las brujas no pesaban nada o casi nada.
Sin embargo, con el tiempo comenzó a prevalecer la razón.
Los médicos empezaron a reconocer que los ataques epilépticos y problemas
similares se debían a enfermedades, no a posesiones demoníacas. Los juicios
disminuyeron drásticamente durante el siglo XVII, y para finales de dicho siglo
casi habían desaparecido.
Bibliografia:
http://www.jw.org/es/publicaciones/revistas/g201405/la-caza-de-brujas-en-europa/


















